Muere el escritor yucateco, Joaquín Bestard Vázquez

Este día, falleció el escritor yucateco, Joaquín Bestard Vázquez. El prolífico literato, recibió en 2009 la Medalla Eligio Ancona, presea que otorga la Universidad Autónoma de Yucatán y el Gobierno del Estado.

Descansa en paz… seguramente en Beyhualé.

Tomado del libro Yucatan en su literatura

Memorial de Beyhualé

Rafael Gómez Chi

Joaquín Bestard Vázquez es uno de los más prolíficos escritores de Yucatán. Su obra literaria publicada se compone de numerosas novelas y libros de relatos en los que ha construido, sólida y consistentemente, la figura de un indígena maya yucateco muy diferente a la que nos heredó el canon narrativo del siglo XIX y de buena parte del siglo XX.
La obra de Bestard Vázquez ha sido hasta cierto punto ignorada por los analistas e investigadores literarios de Yucatán y de México, salvo por contadas excepciones, pero ha sido muy bien acogida y estudiada en el extranjero, particularmente en universidades estadounidenses donde los estudiosos han valorado, en sus diferentes ámbitos, las creaciones de este autor yucateco, no sólo por el hecho de abordar aspectos de la cultura maya actual, sino por la notable preocupación que este personaje tiene por los textos de calidad.
Bestard Vázquez fue ganador de la Medalla Eligio Ancona, presea que otorga la Universidad Autónoma de Yucatán en conjunto con el Gobierno del Estado, en 2009. En mayo de 2008 presenté en la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán mi tesis profesional para titularme como Licenciado en Ciencias Antropológicas con especialidad en Lingüística y Literatura. El trabajo se tituló La desmitificación de la identidad romántica del maya yucateco en Los pájaros negros del señor, novela de Joaquín Bestard Vázquez, el cual dirigió la investigadora Celia Rosado Avilés y que contó con el aval del maestro Oscar Ortega Arango y la doctora Margaret Shrimpton Masson, ésta última especialista en la literatura de Bestard Vázquez.
Además del estudio de la novela Los pájaros negros del señor, el trabajo exigió una revisión más profunda de la obra literaria que hasta ese momento, 2008, había publicado Bestard Vázquez, de tal modo que pude comprobar la solidez de la creación de este autor yucateco, cuya propuesta se enfoca en un nuevo modelo de maya yucateco sin esos matices románticos de los cánones que marcaron la tradición literaria durante el siglo XIX y buena parte del siglo XX.
Los pájaros negros del señor es una novela que narra la construcción de una carretera en un poblado llamado Beyhualé y en la que se detalla cómo la inauguración de una empresa extractora de jugos cítricos viene a modificar el entorno rural en el que se desenvuelven los protagonistas de la historia. Escogí precisamente esta novela porque Bestard Vázquez la escribió a principios de la última década del siglo XX, cuando en Yucatán la producción rural dejó de sostenerse en el cultivo del henequén y se amplió a otros como los cítricos. En ella Bestard Vázquez reflejó muy bien el cambio de actividades económicas de la población rural de Yucatán.
Esta novela se tomó sólo a manera de ejemplo, porque la obra literaria de Bestard Vázquez intenta romper, en su conjunto, con la visión romántica del maya yucateco a través de creaciones en las que da cuenta de una reconstrucción de vivencias sociales en un pueblo ficticio llamado Beyhualé, a través de la presentación de una serie de personajes que, lejos de ser producto de la fantasía, son una referencia directa de la cultura que se asienta en Yucatán.
En efecto, el corpus literario de Beastard Vázquez puede considerarse como una serie de textos que por sí solos van insertándose en el campo social a manera de nuevas ideologías, tal y como postuló Mijail Bajtin en su teoría literaria.
Asimismo, Bestard Vázquez ubica su obra en la cuestión latinoamericana, pues no obstante escribir de las particularidades regionales no cae en el regionalismo puro, exacerbado, sino que amplía la propuesta y la inserta precisamente en este plano, donde las etnias y sus culturas sufren a manos de la colonización, hoy transformada en fenómenos de la industria cultural de masas y la globalización. Nos ofrece una mirada a lo más profundo de la etnia maya, pero desde la perspectiva contemporánea en la que conviven elementos tomados de la modernidad, la tecnología, la industria, con aquellos que aún permanecen como tradiciones ancestrales transmitidas de generación en generación.
Con lo anterior tenemos que este autor forma parte de lo que Bajtin llama el “discurso social”, pues propone conceptos esenciales y refleja posiciones que luchan en el ámbito de la sociedad. Esto ocurre así porque si bien el hombre es un sujeto que en su conciencia se fragmenta en varias voces que dialogan entre sí, todo es probablemente inducido por una ideología concreta. Bestard Vázquez confirma lo que, por su parte, Umberto Eco afirma cuando dice que la literatura, al contribuir a formar la lengua, crea identidad y comunidad.
Al ser referentes notorios de la realidad que nos circunda, los textos de Bestard Vázquez son como los refirió Bajtin, con orientación social, inscritos en la dinámica de la sociedad, es decir, en diálogo con otros textos. Las novelas son vistas desde una perspectiva colectiva y social, es reflejo de un mundo plural, repleto de diálogos, de voces que resuenan.
Bestard Vázquez no alude a situaciones inverosímiles, sino que hace una referencia directa, simple y llana, a la manera que tienen para comunicarse los indígenas mayas yucatecos entre ellos y para con los demás que habitan en las zonas rurales de Yucatán.
Bajtin observó que la literatura refleja en su “contenido” la totalidad del horizonte ideológico del cual ella es una parte. Es decir, viene de un proceso generativo viviente en el que anticipa con tanta frecuencia los ideologemas filosóficos y éticos. Dichos ideologemas son el bien, el mal, la verdad, el crimen, el deber, la muerte, el amor y la proeza, pues fuera de estos parámetros ideológicos semejantes no hay argumentos, no hay motivos, para la literatura.
Los mencionados elementos filosóficos y éticos podemos encontrarlos en la obra literaria de Bestard Vázquez, algunos de manera consciente y otros de manera alterna en el texto, por lo que, de acuerdo con la teoría de Bajtin, descubrimos el horizonte ideológico de nuestro autor. Es decir, las formaciones ideológicas ajenas (éticas, cognoscitivas y otras) son elementos fundamentales de los textos literarios, nada más que al reflejar estos signos ajenos, la obra crea nuevas formas, nuevos signos de la comunicación ideológica, los cuales se convierten en la parte objetiva de la realidad social que rodea al hombre.
Bajtin dijo que al reflejar algo que se encuentra fuera de ellas, las obras literarias se vuelven, al mismo tiempo, valores en sí mismas y fenómenos singulares del medio ideológico. Su realidad no se reduce a un papel auxiliar y técnico de reflejar otros ideologemas. Poseen su propio papel ideológico y su propio tipo de refracción de la existencia socioeconómica. Esto es, que no necesariamente pueden convertirse en un referente de la realidad con la que queramos asociar la obra literaria, sino que a partir de que va siendo protagonista, la va modificando al grado de convertirla en un valor más del medio ideológico, lo que nos lleva a pensar que, por ejemplo, en el caso de la obra literaria de Bestard Vázquez, sus textos poseen su propio papel ideológico de peso no solamente a lo largo y ancho de los mismos, sino que va más allá de los límites en los que uno pueda interpretar las creaciones artísticas que se generan a partir del lenguaje. Recordemos lo que Eco nos señala al respecto de las interpretaciones: “Las obras literarias nos invitan a la libertad de la interpretación, porque nos proponen un discurso con muchos niveles de lectura y nos ponen ante las ambigüedades del lenguaje y de la vida”.
La función de la literatura en nuestras sociedades parte de la utilización que puedan darle los públicos que vayan accediendo a ella. Edmund Cros observó que es de ahí de lo que parte el valor de una obra, dado que un hecho literario puede ser también un hecho sociológico, aunque como él apunta, el acto literario en sí no lo sea. Lo anterior nos indica que si nos lo proponemos, podríamos partir del reflejo de los valores y comportamientos sociales de las minorías étnicas subrepresentadas en los textos de ficción, donde las más de las veces aparecen con papeles desvalorizados, cosa que en la gran mayoría de las novelas de Bestard Vázquez no sucede, porque es precisamente a partir de las acciones de los personajes que el texto, la obra de arte, como apunta Bajtin, “es significante en su totalidad”.
La obra literaria nace a partir de una conciencia social determinada con base en una superestructura que la sostiene. Esta particularidad se refiere también a la relación de la literatura con otras ideologías, a su posición singular en la totalidad del medio ideológico. Así, podemos entender la totalidad del medio ideológico y las diferentes formas que las sociedades tienen de concebir su cultura. Es donde la literatura tiene sus referentes, es de donde parto para decir que es en el ejercicio lingüístico donde hay una nueva construcción e interpretación de la realidad. Como observa Bajtin, es en donde tenemos una ciencia de la creación cultural donde los análisis a las obras literarias y artísticas, en general, no estén separados de la experiencia cultural humana. O sea, el problema de la definición estética.
Dentro del corpus literario de Bestard Vázquez existe un poblado ficticio llamado Beyhualé, cuyo establecimiento parte de una preocupación fundamental del autor a través de su obra: la de situar y reconocer Yucatán desde y en los textos que produce como literatura. De tal manera, su obra literaria recoge esos elementos y los transforma, los opone y los compara con la realidad que vivimos.
En este sentido, las obras literarias de Bestard Vázquez han sido definidas por Morris como de una doble perspectiva. Morris sostiene que esa característica lo ha distinguido de los demás autores mexicanos, pues a la vez que se escribe acerca del análisis introspectivo de la gran urbe, también configura lo maya. “Las obras que reflejan la dedicación de Bestard a esta cultura indígena se cuentan entre las mejores de su producción y, sin lugar a dudas, se destacan entre las expresiones nacionales inspiradas en el maya”, dijo Morris.
En efecto, el autor abunda en sus obras múltiples referencias a la cultura maya que se asienta en la Península de Yucatán. No solamente ubica en ella el poblado ficticio de Beyhualé, sino que la ambienta con voces típicamente mayas, expresiones lingüísticas características de los pobladores de esta región y hace referencias a la flora y fauna con especial énfasis en llamar a los animales y a las plantas no por sus nombres científicos o en español, sino como los indígenas mayas los han nombrado desde que comenzaron a poblar esta área. Morris dice que hace uso de vocablos que se asocian directamente a la cultura maya como las descripciones de los caracoles, la ceiba, determinados pájaros, serpientes e incluso el calendario.
Bestard Vázquez, como hemos apuntado, ha centrado su producción en una serie de novelas y cuentos en la figura ficticia de Beyhualé, el pueblo donde transcurren todas las historias o por lo menos el referente directo de los personajes. Pero no se ha enfocado únicamente en esta figura literaria, sino que, como señala Lee A. Daniel, su cosmovisión se compone de cuatro ciudades y del área circundante de cada una, pues además de Mérida, también escribe en torno de la ciudad de México. La primera es complementada con Beyhualé y la segunda con el poblado, también ficticio, Maravillas. Por eso cada ciudad grande tiene su relación con el pueblo, pero también hay correspondencias entre los cuatro polos. Dentro de este concepto global se puede categorizar la producción literaria de Bestard, explicó Daniel. A ello hay que añadir que las ciudades o lugares en los que se desarrollan las historias tienen sus correspondencias y ello desemboca en el manejo de la obra literaria en el aspecto citadino, el rural y el estrictamente maya yucateco.
Daniel efectuó una especie de clasificación de las obras de Bestard y refiere que entre las de carácter citadino se encuentran Neurosis (1969), Viejo cocodrilo, ¡llora! (1976), La calle que todos olvidan (1982) El tambor de los desahuciados (1987) y La obsesión de German Ortiga (1990). Dentro de las de carácter rural Daniel cita La tierra silenciosa (1967), En la piel del agua (1992) y Caballo que huele a viento (1994). Para Daniel quizá las mayores contribuciones a la literatura las hace Bestard en lo que denomina como referentes estrictos del maya yucateco.
Hasta mayo de 2008 la lista de las obras publicadas de Bestard Vázquez se integraba de varias novelas y múltiples cuentos publicados en el diario POR ESTO!, más uno de temática variada llamado El mundo mágico de los mayas. A continuación citamos las obras:
Un tigre con ojos de jade (1966), La tierra silenciosa (1967), Neurosis (1969), Viejo cocodrilo, ¡llora! (1976), La calle que todos olvidan (1982), De la misma herida (1985-1997), Sol de la guacamaya de fuego (1986), El tambor de los desahuciados (1987), Los tiempos dorados de Tránsito (1987), La obsesión de Germán Ortiga (1990), Los pájaros negros del señor (1992), En la piel del agua (1992), Ocasos de un mar de cobre (1992), Caballo que huele a viento (1994), Cuentos de Beyhualé (1995), Balada de la Mérida antigua (2000), El cuello del jaguar (2000), Tipos y tópicos de Nazario Tulum (2002), 101 años, Koyoc (2003), El coleccionista de otoños (2003), El mundo mágico de los mayas (2003), Memorial de golondrinas (2005), Visita a la abuela (2006), El tío Ueto y los locos 60s (2006), El eco infame del cisne (2007), Yucatán, leyenda y mar (2007) y Mujer, mujer divina (2008)
A finales de 2008, Bestard Vázquez publicó Viaje a la leyenda, libro en inglés y en español que contó con el apoyo de Julia Whitsitt Morris. El libro consistió en una recopilación de diversas narraciones que el autor ha publicado en el periódico yucateco POR ESTO!. Sobre el texto, Whitsitt Morris apuntó que las narrativas del libro ofrecen no sólo el placer estético de los cuentos que son excelentes, sino que son un “portal acogedor para entrar en la cultura contemporánea de la Península de Yucatán, la tierra de los mayas antiguos”.
“Estas breves narrativas ofrecen, en varias maneras, personajes y situaciones a la vez universales y únicamente yucatecos. Como las obras de William Faulkner, Gabriel García Márquez y Garrison Keillor, le dan voz a una cultura no dominante que a menudo se encuentra en desacuerdo con el mundo anterior que no la comprende o la menosprecia”, añadió.
En efecto, algunos autores literarios, cuando recurren a la construcción de lugares imaginarios en los que desarrollan gran parte de sus obras, les proporcionan una especial significación dentro del contexto de la totalidad de la obra, al tiempo que con ello los creadores asumen una identificación particular. Eso nos permite saber quién está escribiendo qué. Y Bestard Vázquez es uno de estos autores que construyen sitios imaginarios en los que desarrollan sus historias.
En la mayoría de las novelas de Bestard, el tema, es decir, la idea central que domina, transcurre en Beyhualé o se hace una referencia directa al poblado. Según sea la intención o lo que pretenda dar a conocer, Bestard da una forma y estructura determinada al poblado de Beyhualé y lo va ubicando en distintas posiciones en la geografía yucateca, de tal manera que es reconocible mediante la alusión directa a referentes históricos o geográficos.
¿Es posible ubicar la ficción en la realidad? Pensamos que sí. Para fundamentar lo anterior, vayamos a algunos de los múltiples ejemplos con los que cuenta la literatura. Uno de los primeros autores que comenzó con esta idea de ubicar sus historias con referentes directos y claros al entorno en el cual se desenvolvía fue William Faulkner. Este autor ambientó sus novelas en el condado ficticio de Yoknapatawpha y para ello se inspiró en el condado de Lafayette, Mississippi. Faulkner habitó su sitio literario imaginario con indios, negros, oscuros ermitaños provincianos y groseros blancos pobres. Las novelas de Faulkner dieron pie a obras en ese mismo sentido escritas por Manuel Rojas, Juan Rulfo y Carlos Fuentes. Esas obras nacieron como algo regional, pero dada su capacidad de significación y resignificación del entorno cultural que reproducían, fueron adquiriendo mayor importancia dentro de las obras de arte.
Otro autor que utilizó un poblado ficticio para crear y recrear un ambiente literario pero a la vez un referente cultural es Gabriel García Márquez. En 1967 publicó Cien años de soledad, una narración épica de la historia de una familia de Colombia en la que se aprecian las influencias estilísticas de Faulkner. García Márquez mezcló la realidad con la fantasía a través de Macondo, una imaginaria ciudad de Colombia en la que transcurre la acción, donde se dan las transformaciones.
En las obras literarias de Bestard Vázquez se confirma la influencia de este tipo de realizaciones a partir de la vida propia, es decir, de las vivencias que llevan a los autores a conformar su propio universo, partiendo de los ejemplos de la realidad, ya sea para transformarla en algo superior, inferior, o simplemente para establecer una crítica social y cultural. Con lo anterior, los cuentos y los relatos son ambientados por personajes viajan de novela en novela o de una realización literaria a otra.
Lo anterior nos ubica perfectamente en una literatura con referencias directas a la cultura que rodea a sus creadores, y al mismo tiempo hace que reconozcamos un tipo de creación artística única. Es claro que, con sus diferencias, notables en algunos casos, casi imperceptibles en otras, estos autores fueron marcando, a través del tema, una corriente. En Faulkner, por ejemplo, el universo es artísticamente homogéneo e inagotable, pero en García Márquez es acabado y perfecto. En Bestard hay una especie de mezcla entre ambos porque las voces de sus obras van definiendo el espacio en el que los protagonistas se desenvuelven.
Las razones que llevaron a estos autores a desarrollar sus poblados ficticios las explicó Bertie Acker al señalar que el hombre tiene una naturaleza física y una espiritual y las necesidades que como ser humano tiene en ambas esferas a menudo entran en conflicto, es decir, se crea, por medio de los lugares ficticios, una realidad-irrealidad que “refleja el existencialismo que ve al individuo creando mentalmente su propio universo”.
Acker apuntó que cuando intentemos comparar una novela con la vida, miremos siempre el tema, es decir, la idea central y dominante y de acuerdo con Kayser “el estilo de una obra es la percepción uniforme que preside a un mundo poético; las fuerzas que le dan forma son las categorías de percepción”.
Si seguimos con los ejemplos y con las categorías de percepción, tenemos que otros autores también han construido sitios imaginarios como referentes directos a la cultura que les rodea. Juan Rulfo, por ejemplo, es un autor mexicano que ambienta sus obras literarias en poblados ficticios a los que se parece Beyhualé. A pesar de que sólo escribió dos obras, El llano en llamas y Pedro Páramo, suele etiquetársele dentro del “realismo mágico” y se le estereotipa como “indigenista”, quizá por tener acercamientos con la tradición literaria de la Revolución Mexicana de 1910, dentro de la que se inscriben Azuela, Guzmán y Muñoz. Rulfo creó el pueblo llamado Comala, una localidad devastada por la violencia y habitada sólo por almas en pena.
Beyhualé es un poblado campesino, rural, marginal o acaso uno que apenas va saliendo del subdesarrollo. De tal manera, a Bestard Vázquez podemos ubicarlo entre los novelistas que reproducen a los pueblos oprimidos, pero no para burlarse de ellos, sino para exponer sus múltiples necesidades y para señalar que la justicia social aún no llega a ellas, por lo que se encuentran expuestas al abandono.
La obra literaria de Joaquín Bestard Vázquez se ha convertido ya en un referente directo a la cultura yucateca y a través de ejemplos como los de Faulkner, García Márquez y Rulfo, tiene coincidencias con obras literarias en los que se refleja el ambiente regional, siempre partiendo de la realidad.

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