Mérida, Yucatán; 4 de mayo de 2020 (ACOM).- Luego de 50 días de aislamiento social y una serie de restricciones en las libertades de las personas, terapeutas y especialistas advirtieron la necesidad de atender la salud mental de las y los yucatecos.

Entrevistados por separado, Rubí Briceño Correa y Antonio Ruz Denis coincidieron en que la contingencia sanitaria se ha convertido en una situación crítica a nivel tanto económico como emocional.

Problemas como la ansiedad, depresión e inseguridad son algunos de los que aquejan a la sociedad yucateca, que desde mediados de marzo ha tenido que permanecer en casa.

En su oportunidad, Briceño Correa consideró que la contingencia tomó por sorpresa a muchas personas que se vieron rebasadas por la necesidad de modificar gran parte de sus mecanismos sociales, convivencia, libertades y comunicación interpersonal.

«El aislamiento obligado ha puesto en evidencia una serie de problemas emocionales que las familias y las personas estaban evitando y que ahora se deben confrontar, entender y tratar de solucionar con apoyo emocional y ayuda profesional», dijo.

Explicó que el factor del hacinamiento en combinación con la falta de satisfactores como el tabaco, alcohol y psicotrópicos que antes podían adquirirse sin tanto problema y que ahora son más restringidos, orilla a un lapso mayor de abstinencia, que a su vez lleva a la desesperación y problemas de violencia contra los familiares o uno mismo.

La especialista dijo que si bien las autoridades estatales han abierto canales de respuesta a través de un centro de ayuda telefónica, es necesario acercarse a un profesional de la salud que apoye y permita poder encontrar alternativas para restablecer la salud emocional de las personas y tratar de encauzar los problemas a viables soluciones.

Sobre el tema del creciente número de suicidios en la última semana en Yucatán -un total de 22-, Antonio Ruz Denis señaló que uno de los componentes mas notorios en las últimas semanas en pacientes atendidos son los numerosos casos de ansiedad.

«Las personas no completan su ciclo de descanso, no duermen, este problema es creciente, debido a la falta de seguridad y certeza en los problemas que los aquejan», indicó.

Ruz Denis añadió que el aislamiento por la pandemia ha «desenmascarad» emociones insatisfechas, problemas añejos que se recrudecen con parientes, aspectos de la vida familiar que se habían olvidado y que regresan por las fricciones interpersonales al actuar en sitios muchas veces pequeños y en una convivencia que no estaba preparada.

«Todo ocasiona frustración, ansiedad, estrés y pueden derivar en cuadros casi psicóticos y con ello a la violencia, la agresión, la desesperación y que podrían terminar en un auto atentado», concluyó.