Mérida, Yucatán, 16 de diciembre de 2021 (Por Wilbert Solís Concha). – Recientemente tuve la oportunidad de participar en un espacio para hablar sobre el impacto que ha tenido el COVID-19 en las niñas, los niños y los adolescentes.

Lo primero que pensé es que, si para nosotros como adultos el encierro fue bastante complicado, para la población infantil habría sido mucho peor.

Pensemos que desde el primer caso que se dio en la región asiática de Wuhan y la expansión del virus a todo el mundo, los estados nacionales han tenido que implementar una serie de medidas de política pública como el distanciamiento social, el confinamiento, el cierre de escuelas y la restricción del número de personas en reuniones para evitar los contagios entre las personas.

Lo anterior ha generado un cambio en el dinamismo social, es decir, que hemos modificado la forma en la que nos movemos, vivimos e interactuamos con otros.  Ese proceso para adaptarnos a las medidas sanitarias ha disminuido muchos de nuestros hábitos que se consideran saludables, principalmente en los menores de edad.

Si bien existen muchas formas en la cuales la pandemia continúa afectando a los infantes, los impactos se han acentuado con mayor fuerza en su alimentación, la salud mental y el bienestar físico.

En el primero, los principales golpes se han dado en la demanda, puesto que ha sido cada vez más difícil adquirir alimentos pues la capacidad de pago se ha visto vulnerada por la pérdida de empleos.

De igual manera, la oferta ha tenido interrupciones frecuentes por complicaciones logísticas y brotes infecciosos en las empresas que retrasan la producción, provocando en ese sentido, que la escasez eleve los precios y limite la posibilidad de acceder a alimentos de calidad.

Se estima que en México un tercio de los hogares con niñas y niños enfrenta una situación de inseguridad alimentaria moderada o severa. Además, el CONEVAL señala que tan sólo en el 2020 un total de 28 millones de personas no tuvieron acceso a una alimentación nutritiva y de calidad ¡vaya cifra!

Por otro lado, los alimentos ricos en azúcares, grasa y sal se encuentran en cada esquina, tiene larga vida en el anaquel y suele ser muy baratos, pero su aporte nutricional es casi nulo, y tú ¿qué le das de comer a los menores en casa?

En cuanto a las afectaciones en la salud mental, el Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas señala que 1 de cada 7 niñas y niños se han visto afectados por el confinamiento y que 1 de cada 5 jóvenes se ha sentido deprimido y con poco interés de realizar algún tipo de actividad.

Por su parte, la ENCOVID19 refiere que más de un tercio de los hogares con infantes reportan situaciones de ansiedad y que ese porcentaje se incrementa cuando existen de 3 a más menores en la misma casa.

Un estudio realizado a madres y padres de familia identifico que las principales percepciones sobre el aumento de las problemáticas de la salud mental de las niñas y los niños eran el uso excesivo de las pantallas, el aburrimiento por el confinamiento, la incomprensión y la falta de convivencia con los amigos. ¿Qué hemos hecho como madres o padres al respecto estos meses?

La pandemia más que el problema, pareciera ser el detonante de una serie de problemas de salud mental ocultos en la infancia que nunca suelen hablarse. Tan sólo en América Latina, el 15% de todas las niñas, niños y adolescentes presentan un trastorno mental diagnosticado y el suicidio ocupa el tercer lugar como causa de muerte en adolescentes sólo por debajo de las lesiones de tráfico y la violencia interpersonal.

La Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres estima que las pérdidas económicas por trastornos mentales superarán los 390 mil millones al año, por lo tanto, los gobiernos deben aceptar el problema, dejar de simular y atenderlo con políticas públicas efectivas.

Finalmente, el tema del bienestar físico también ha pasado una serie de facturas; el dejar de asistir regularmente a la escuela y la falta de movilidad ha tenido implicaciones en la salud física. La actividad física en las niñas y los niños tiene efectos positivos para el cuerpo y la mente, además ayuda a reducir la presencia de enfermedades y las complicaciones de estas, incluyendo el COVID-19.

La práctica de ejercicio es importante para los infantes por que los mantiene de cierto modo en contacto con la familia y amigos, reduciendo la probabilidad de problemas mentales como la depresión y la ansiedad, pues mejora el estado de ánimo, ¿has salido a caminar al aire libre con tu hija o hijo últimamente?

Reflexionar sobre las prácticas que llevamos en casa es una forma de hacer conciencia para tomar mejores decisiones por la salud de nuestras hijas e hijos. La mejor recomendación es no suspender las actividades saludables y el seguimiento de las niñas, los niños y los adolescentes en sus unidades médicas.

Por supuesto que sin descuidar las medidas de seguridad e higiene como portar el cubrebocas, lavarse las manos frecuentemente, mantener la distancia recomendada y acudir a la vacunación, ¡Sigamos cuidándonos!

Wilbert Salvador Solís Concha

Maestro en Salud Pública por la Universidad de Burdeos, Francia.

wilbertsolisconcha@gmail.com