Mérida, Yucatán, 13 de septiembre de 2021 (Por Wilbert Solís Concha). – Hace poco tuve una reunión de trabajo con gente muy preparada en temas de salud y uno de los participantes comentó que no entendía muchas de las decisiones que mantenía el gobierno para hacerle frente al coronavirus. Enseguida pensé, no es la primera vez que lo escucho, de hecho, es cada vez es más frecuente.

A más de un año del inicio de la crisis sanitaria en nuestro estado, parecen haber muchos cuestionamientos sobre si el desempeño del gobierno había sido el adecuado.

La verdad es que nadie estaba preparado para un problema de tal magnitud, tan es así, que la crisis sanitaria puso en jaque a los países mejor acomodados alrededor del mundo. Sin embargo, eso no significa que no debamos ser críticos y prestar atención a la actuación gubernamental.

Una de las decisiones más cuestionadas no sólo en la entidad, sino también en todo el país, ha sido la del confinamiento social. Resulta que, si uno mira las cifras del año pasado, a mediados de marzo cuando iniciaba la cuarentena el número de contagios era muy por debajo de lo que se reporta actualmente según los datos abiertos de la Dirección General de Epidemiología (DGE) del Gobierno Federal.

Posiblemente ante el desconocimiento e incertidumbre de los alcances del virus, se tomaron medidas de forma prematura las cuales aceleraron y prolongaron el impacto directo a los negocios locales y los empleos. Caso similar con la restricción de la movilidad que, aunque su objetivo es reducir el número de reuniones y el esparcimiento social, continúa agravando colateralmente la situación de los bares y restaurantes.

Por otro lado, cuando la primera cepa del coronavirus estaba afectando principalmente a los adultos mayores, el gobierno cerraba las escuelas para evitar que las niñas, niños y jóvenes contagiaran a sus familiares. En contraste, en este preciso momento, cuando la variante Delta tiene mayores tasas de infección y contagio se retoman las actividades escolares.

Esto sólo pinta un panorama muy gris, puesto que la población menor de 18 años aun no ha iniciado su proceso de inmunización como los otros grupos etarios. Paradójicamente las escuelas que son espacios cerrados están abiertas y las áreas al aire libre para la práctica del ejercicio como el estadio Salvador Alvarado están cerradas.

Finalmente, los apoyos que distribuyó el gobierno estatal a mediados del año pasado ―apenas tres meses después del inicio de la cuarentena ― parecieran prácticamente insuficientes tomando en cuenta el periodo de tiempo que ha transcurrido sin existir otro incentivo económico para aquellos negocios que han tenido que mantenerse a flote.

La situación insostenible en la economía local requiere de un apoyo sostenido que va más allá de las transferencias monetarias, sino de asesoría sobre las medidas de prevención dentro de los establecimientos y las acciones que deben tomar en caso de presentar contagios en su personal.

Todo lo anterior pareciera reflejar una serie de decisiones tomadas al revés. Que insisto, aunque nadie estaba preparado para esto, hoy podemos ver las consecuencias y corregir los errores de este largo camino.

La comunicación de riesgos y la promoción de la salud entorno al COVID-19 deberían estar cobrando mayor relevancia para coadyuvar a los sectores económicos y socialmente vulnerables en el estado, en vez de propiciar un ambiente de restricción y de falta de apoyo de las instituciones públicas hacia la sociedad.

Wilbert Solís Concha

Maestro en Salud Pública, ISPED.

Wilbertsolisconcha@gmail.com