Mérida, Yucatán, 22 de septiembre de 2020 (Israel Medina/ACOM).– Han transcurrido 18 años del destructivo paso del huracán Isidoro por Yucatán y los recuerdos de aquel día se mantienen intactos.

Son muchas las historias que se vivieron con la llegada de un meteoro categoría 3 cuya principal peligrosidad no solo radicó en la fuerza de sus vientos y agua que lo acompañó sino en su lentitud en tierra.

La sociedad yucateca estaba desacostumbrada a la prevención, ya que el último ciclón que había afectado al estado era Gilberto en 1988.

Cuando los pronósticos empezaron a alertar sobre los estragos que causaría, no hubo tiempo suficiente para prepararse con víveres o agua. Siempre se veía lejana la posibilidad de revivir una experiencia similar.

El gobierno de Patricio Patrón Laviada apenas iniciaba su gestión. Poco después del mediodía, el panista decidió supervisar la evacuación de las familias del puerto de Progreso.

Prácticamente el vehículo en el que se trasladaba el mandatario y el convoy de prensa que se dirigían al puerto eran los únicos que ya podían circular por esa vía, pues la orden era cerrar el paso de los civiles.

La gente tenía resistencia de dejar sus casas y con ello su patrimonio. Los vientos empezaban a azotar en la costa yucateca, pero eso no les hacía cambiar de opinión.

Ya en la tarde, poco después de las 5, los efectos de Isidoro se dejaban sentir y lo más recomendable era estar resguardado.

Sin redes sociales, como en los tiempos actuales, el único medio que se mantuvo vivo fue la radio. Conforme avanzaba la jornada, algunas emisoras empezaron a quedarse en el camino ante la falta de energía eléctrica.

El Grupo IMER y Cadena Rasa siguieron de manera ininterrumpida sus transmisiones. La telefonía fija pasó una verdadera prueba de fuego al continuar con sus servicios.

La atención de la gente se centró en la radio que fue el medio por el que se enteraba de los reportes actualizados. Fue así que se supo que la carretera costera había desaparecido o de los momentos de tensión al desprenderse pedazos de la torre de transmisiones del entonces Canal 13 local.

Mientras tanto, en Cadena Rasa se tomaba la decisión de continuar o no al aire, porque los vientos amenazaban con derribar la antena de la emisora, la cual tuvo que ser asegurada como se pudo. El ingeniero Bernardo Laris decidió no parar. Con el apoyo de autoridades estatales se dotó de una planta de energía alimentada con diesel para no bajar el switch.

Fue una de las noches más largas vividas por los yucatecos que, con apenas un radio de baterías, seguían cada incidencia, el minuto a minuto del paso del meteoro.

El equipo que encabezó el periodista José Luis Preciado se mantuvo al aire las 14 horas que Isidoro le pegó con todo a Yucatán. Se convirtió en un maratón de voces: Wendy Aguayo, Mauricio Espinosa, Virginia Carrillo y otros comunicadores que se mantuvieron al pie del cañón.

A la mañana siguiente, cuando la lluvia se había ido y apenas salía el sol pudimos recorrer las calles del centro histórico de Mérida, que se encontraban bajo el agua, con árboles caídos y un escenario de destrucción.

Apenas empezábamos a descubrir los daños que había causado el huracán y en las siguientes horas ya los montos eran incalculables.

Por la tarde, arribó el presidente Vicente Fox para visitar a los damnificados de Kanasín y Mérida. Fue en ese marco cuando anunció la construcción de lo que hoy es el Hospital Regional de Alta Especialidad de la Península de Yucatán.

El resto de la historia se fue escribiendo en la etapa de la reconstrucción y con la enseñanza de la necesidad de contar con una verdadera cultura de la protección civil.

Sin duda, lo vivido ese día fue de muchas enseñanzas.