Quién desconoce su historia está condenado a repetirla

Por: SERGIO GROSJEAN

Mérida, Yucatán; 16 de mayo de 2020.- A lo largo de la historia, en la ciudad de Mérida se han aplicado una serie de disposiciones gubernamentales con respecto al consumo y venta de alcohol, llámese prohibición, modificación al horario de venta, alza de impuestos o “ley seca”, pero nunca una como esta decretada el 9 de abril de 2020, y sobre todo en un momento como el que vivimos en confinamiento, producto de la pandemia COVID-19, en el que los resultados son, a mi juicio, contradictorios o “milagrosos”, ya que por una parte, con base a información oficial del gobierno del estado de Yucatán, la violencia se redujo de manera importante, por lo que todo indica que la gente violenta se curó y dejó de ser agresiva en un mes gracias a la abstinencia de bebidas espirituosas, y por otra parte Fabiola García Magaña, directora del Instituto de la Mujer de Mérida declaró que la violencia se había incrementado a pocos días de iniciada la “ley seca”.

Por otro lado, la venta clandestina a precios que arruinarían a cualquier millonario se ha incrementado de manera exponencial, el alcohol adulterado ha cobrado ya la vida de muchas personas, otras hospitalizadas y muchas con graves secuelas, siendo como hecho inédito en el estado 8 decesos en un solo evento en Acanceh en el que otras 2 personas perdieron la vista, 5 están en tratamiento y 2 incluso fueron entubadas, resultando entonces más mortal la medicina que la propia enfermedad al menos en ese bello municipio, pero bueno, creo algo aprenderemos con el experimento, ocurrencia, mala o buena medida, cortina de humo o maravillosas intenciones; llámele como más le guste a la “ley seca” que se ha extendido hasta el 1 de junio e intentemos encontrarle el lado positivo.

Reza el viejo proverbio, quien desconoce su historia está condenado a repetirla, y parece que mucho de cierto hay, ya que las normas aplicadas en el pasado, tuvieron sin número de repercusiones y objeciones por parte de diversos estratos de la sociedad.

Por ejemplo, en el año de 1903, se limitó el horario de apertura y cierre de las cantinas, y ante la situación, no se hicieron esperar las reacciones, tal y como se publicó en la prensa: “Para la decepción de los bebedores, el gobierno mandó a clausurar las cantinas a las diez de la noche en los días ordinarios y a las doce los domingos. ¡Cuán vivas protestas han provocado! ¡Que intensas quejas para el cercenamiento del goce de beber!”.

Otro colega señalaba: “pues yo opino que es una medida antigénica y casi anticonstitucional. El coñac es la panacea universal. Con él se neutraliza prodigiosamente el desarrollo de infinidad de enfermedades. Para la peste, sobre todo, no hay nada más eficaz. Y hoy que tenemos tantas en la ciudad (no las enumero por temor al contagio) y que estamos amenazados de muchas otras más, es un verdadero contrasentido la tal prohibición”. “¿Qué hacer si se me presenta un caso en domingo? (un médico alcoholista)”.

Otro parroquiano argumentaba: “la tal determinación es atroz, descomunal. Yo creo que es la ocasión de convertir la cuestión en caso internacional, (un comerciante extranjero)”.

Finalmente, un maestro de escuela escribió lo siguiente: “A mi es igual que las cierren o las dejen abiertas. ¡Para lo que yo gano!¡ con dificultad me alcanza el sueldo para los frijoles!”

En el año de 1915, siendo gobernador el general Salvador Alvarado Rubio, se realizaron diversos cambios constitucionales, y algunos de ellos afectaron directamente a fabricantes de bebidas alcohólicas al convertir a Yucatán en el primer estado seco del país, y con ello se motivó a la fabricación de alcohol de manera clandestina, y de ahí afectar a la economía de miles de personas a tiempo de poner en riesgo la salud de la población, algo similar a lo que se está experimentado en el presente.

Con respecto a la venta de bebidas espirituosas, dentro del decreto se incluyeron algunos artículos que son interesantes mencionar:

  • Artículo segundo: Queda terminantemente prohibido vender licor a los menores, mujeres y personas que se encuentren en estado de ebriedad, así como el acceso de unos y otras a los locales destinados a la venta de bebidas alcohólicas.
  • Artículo tercero: Queda terminantemente prohibido que estén al frente de expendios de bebidas alcohólicas, mujeres y menores de edad, aun cuando sean sus propietarios. Tampoco podrán ser empleados y dependientes de los mismos.
  • Artículo cuarto: Los expendios de licores solo podrán estar abiertos de 8 a.m. a 1 p.m. y de 4 p.m. a 8 p.m. todos los días, a excepción de los domingos y fiesta nacional.

Meses más adelante ampliaron el horario 2 horas, es decir hasta las 10 de la noche, pero se prohibía la venta los domingos, incluso en las tiendas de abarrotes.

Realmente nos resultan sorprendentes estos artículos, pues no puedo imaginar cómo se las ingeniaban los dipsómanos para beber con toda la tranquilidad que marcan los cánones.

Imagínese usted ir a la cantina a las 8 am; o llegar a la hora cristal para retirarse a la una de la tarde todavía sediento; o asistir a cualquier horario, y cuando ya estabas calentando motores te sacaban sin ninguna consideración porque había que cerrar.

No me cabe la menor duda que esta ley se hizo para fastidiar a los colegas bebedores, y si esto se diera en estas épocas, seguramente tendríamos una revolución, y las principales combatientes serían las damas.

Finalmente, estoy llevando el recuento de los acontecimientos relacionados con esta “ley seca”, tanto lo bueno, lo malo y lo chusco, siendo que algunas estarán impresas en el tercer libro de “anécdotas de las cantinas de Mérida”, por lo que si tiene algún comentario puedes escribirme a sergiogrosjean@yahoo.com.mx