El crecimiento de la Zona Metropolitana de Mérida comienza a mostrar una contradicción estructural: mientras la ciudad prácticamente duplicó su superficie construida en apenas 20 años, las redes de electricidad, agua, vialidades y otros servicios deben extenderse cada vez más para atender nuevos desarrollos habitacionales.
El arquitecto y urbanista José Antonio Peniche Gallareta plantea que los apagones recientes deben observarse como una señal dentro de un problema más amplio: una ciudad que está creciendo territorialmente más rápido que algunas de las redes necesarias para sostenerla. La superficie construida pasó de 21 mil 103 hectáreas en 2000 a 42 mil 186 hectáreas en 2020, según los datos presentados por el especialista.

Mérida crece hacia nuevos corredores
La expansión, además, no ha sido uniforme. Peniche Gallareta señala que se han identificado más de 300 desarrollos, principalmente en corredores del norte metropolitano como Mérida-Progreso, Conkal-Chicxulub, Mérida-Motul y Mérida-Sisal.
El problema, sostiene, no radica necesariamente en construir más viviendas o aumentar la densidad urbana, sino en hacerlo sin comprobar previamente si existe infraestructura suficiente para absorber la demanda adicional.
Como ejemplo menciona Infiniti Mérida, proyecto promocionado con 613 viviendas distribuidas en siete edificios. Un desarrollo de esta magnitud incorpora cientos de hogares que demandarán electricidad para climatización, elevadores y bombeo, además de agua, vialidades y otros servicios.
“La ciudad recibe la suma de todos los proyectos”, resume el urbanista. Una autorización individual puede cumplir determinados requisitos, pero eso no significa necesariamente que el conjunto de la infraestructura metropolitana tenga capacidad para absorber simultáneamente todos los nuevos desarrollos.
El crecimiento también alcanza zonas vulnerables
A la presión sobre los servicios se suma otro indicador. De acuerdo con la información presentada por Peniche Gallareta, 41 mil 197 hectáreas, equivalentes al 46% del municipio de Mérida, presentan riesgo alto o muy alto de inundación.
Un estudio científico publicado en 2021 ubicó parte importante de las zonas vulnerables al norte de la ciudad, donde el manto freático puede encontrarse a menos de siete metros. Las inundaciones registradas en 2020 en sectores como La Ceiba I, Yucatán Country Club y Las Américas mostraron posteriormente las consecuencias que pueden alcanzar los servicios urbanos cuando infraestructura y condiciones naturales convergen.
Planeación metropolitana, el reto pendiente
Para Peniche Gallareta, el problema rebasa las fronteras municipales. Mérida y los municipios conurbados funcionan en la práctica como una sola ciudad, pero las autorizaciones y responsabilidades permanecen distribuidas entre ayuntamientos, Gobierno estatal, Federación, CFE y desarrolladores.
De ahí que el indicador relevante no sea únicamente cuántas viviendas nuevas se autorizan, sino cuánta demanda adicional generan y qué capacidad disponible tienen las redes antes de recibirlas.
La propuesta no consiste en detener el desarrollo inmobiliario, sino en vincularlo con inversiones anticipadas y evaluaciones integrales de infraestructura. Bajo esa perspectiva, los apagones dejan de ser solamente episodios eléctricos: son una advertencia sobre el costo de permitir que la ciudad continúe creciendo sin que sus redes avancen al mismo ritmo.
ACOM





