Con las manos llenas de tierra, cemento y sudor bajo el sol meridano, 25 representantes de Boston Scientific de España, Estados Unidos, Ciudad de México, Monterrey y hasta de Alabama transformaron este día su jornada corporativa en un acto de humanidad. En la colonia La Guadalupana, al sur de Mérida, levantaron las paredes de un comedor de 12 por 6 metros en el albergue Zarigüeyas, un espacio que alimenta mensualmente a 40 familias —cerca de 300 personas— que sobreviven en una de las comunidades más olvidadas de la periferia de la ciudad.
Esta jornada humanitaria de Boston Scientific en Yucatán arrancó el lunes con cirugías de alta especialidad en el Hospital Regional de Alta Especialidad de la Península de Yucatán (HRAE), donde la empresa donó 12 millones de pesos en tecnología SpyGlass para beneficiar a 20 pacientes vulnerables. Sin embargo, el segundo día reveló otra faceta de su compromiso: el trabajo directo con las comunidades más necesitadas, eligiendo por primera vez a un albergue mexicano para una intervención de esta magnitud.
Albergue Zarigüeyas
Marina Buenrostro, directora del albergue Zarigüeyas, recuerda cómo nació esta iniciativa durante la pandemia de COVID-19. «Un día todas estas señoras de diferentes proyectos —las de maquila, empleo, educación— nos juntamos precisamente en esta mesa y dijimos: si nos quedamos quietas, el COVID nos va a matar de hambre», relata con la voz entrecortada por la emoción.
Sus esposos trabajaban como obreros, albañiles y plomeros, empleos que desaparecieron durante el confinamiento. Fue entonces cuando descubrieron que la basura podía convertirse en dinero: comenzaron a recolectar PET, lo venden mensualmente a una empresa y se volvieron ambientalistas sin proponérselo. «De ahí nos dimos cuenta que no es basura, es dinero, y muy buen dinero para nosotros», enfatiza Marina.
300 personas beneficiadas al mes
El nombre «Zarigüeyas» lo escogieron los niños, esos pequeños que sus madres —con cinco, seis o siete hijos cada una— deben llevar cargando a todas partes porque en esta comunidad no hay guardería ni siquiera secundaria. Las 35 zarigüeyas activas, entre mamás jóvenes y abuelos, impactan a casi 300 vidas mes con mes. «Lo que hacemos es sobrevivir», explica Marina con franqueza. «Los niños comen lo que hay: si ese día hay lentejas, eso es lo que se come. Cada día una capitana ve qué hay en la alacena y con eso cocina para todos».
La conexión con Boston Scientific llegó a través de una escuela aliada del albergue, donadora constante de alimentos. Mario Rodríguez Cantú, Gerente de la Unidad de Negocios deEndoscopía de Boston Scientific, encabezó el proyecto que al momento de la visita llevaba un 40 por ciento de avance. Para Marina, el comedor representa más que un espacio físico: es «esperanza», dice sin dudar. «Lo que nos ha marcado es la esperanza en la educación. Queremos una secundaria, no estamos rogando, es un derecho que tienen los niños. Una secundaria para que no haya tanta deserción, para que los jóvenes tengan oportunidad de un buen empleo».
Humanidad
Alex Fragaszoni, integrante del equipo de ventas de Boston Scientific en Birmingham, Alabama, define su experiencia en una palabra: humanidad. «Ha sido increíble poder estar con personas de España, Sudamérica y Estados Unidos, venir juntos con un mismo fin», comparte con entusiasmo.
Para Alex, quien tiene raíces latinas en su familia, esta iniciativa representa un cambio de perspectiva: «Por cinco años hemos cambiado vidas a nivel clínico, pero esto nos da una visión diferente: podemos impactar la vida de las personas donde ellos viven, hasta cuando necesitan enfocarse en su salud». La amabilidad de la gente y su disposición a ayudar con lo mucho o lo poco que tengan fue su mayor aprendizaje.
«Esta experiencia va a cambiar la vida de todos nosotros», asegura Alex al invitar a más colaboradores de Boston Scientific a sumarse a futuras jornadas. Marina, por su parte, lanza un mensaje claro a la compañía: «No nos olviden. Ellos ya vieron las necesidades, cómo vivimos, cómo comemos. Necesitamos mucha ayuda: compartiendo la página, acercándose a nosotros, con donativos económicos o en especie».
Mientras el sol cae sobre La Guadalupana y las paredes del comedor se levantan con manos de distintas latitudes, Boston Scientific demuestra que transformar vidas no solo ocurre en los quirófanos: también sucede cuando una empresa global decide construir dignidad, ladrillo por ladrillo, en el lugar donde más se necesita.




