Las familias esperan poco crecimiento y menor poder adquisitivo en este año que inicia, con una mirada pesimista basada en lo que ha sucedido en los últimos años. En la mayoría de los hogares no se visualiza una recuperación económica clara ni un entorno que permita gastar con tranquilidad. La sensación dominante es la de avanzar con cautela, cuidando cada peso y postergando decisiones importantes.

Así lo refleja la más reciente Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, que muestra un cierre de año marcado por la desconfianza.

Menor poder adquisitivo en el inicio del año

Aunque en diciembre hubo una leve mejoría frente al mes anterior, el ánimo general sigue siendo más bajo que el registrado un año atrás, lo que confirma que el desgaste económico se ha acumulado en la vida cotidiana de las familias.

Para muchos hogares, la percepción sobre el rumbo del país es la más negativa. Predomina la idea de que la economía nacional no está mejor que antes y de que el futuro inmediato no traerá cambios significativos.

Esa falta de expectativas se traduce en incertidumbre y en una sensación de estancamiento que pesa más que cualquier anuncio optimista.

En el ámbito familiar, la lectura es apenas menos sombría. Muchas personas sienten que han logrado “aguantar” los golpes: ajustaron gastos, recortaron consumos y reorganizaron prioridades para salir adelante.

Sin embargo, esa resistencia no se acompaña de confianza. La mayoría no cree que el contexto económico vaya a facilitar una mejora real en sus ingresos o en su calidad de vida en el corto plazo.

El pesimismo se vuelve más evidente cuando se habla de compras grandes. La idea de adquirir muebles, electrodomésticos o bienes duraderos sigue lejos del radar de los hogares.

Poder adquisitivo corto para endeudarse

No hay ánimo para endeudarse ni para comprometer ingresos futuros; la regla es esperar, ahorrar lo poco posible y evitar riesgos ante un panorama incierto.

De cara al nuevo año, las expectativas sobre empleo y precios refuerzan esta visión contenida. Las familias no anticipan una crisis inmediata, pero tampoco un periodo de bonanza.

El horizonte que se dibuja es el de un 2026 de ajustes, gasto medido y decisiones prudentes, donde la prioridad será mantener el equilibrio familiar más que apostar por una recuperación que, por ahora, no se alcanza a ver.

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