Mérida, Yucatán; 24 de mayo de 2021 (ACOM).- En los últimos 50 años, México ha perdido un estimado del 20% de sus manglares.

Se estima que México cuenta con un millón 300 mil hectáreas de mangle de que se han ido perdiendo poco a poco debido a condiciones sociales y económicas, dañando seriamente los ecosistemas costeros, sostuvo Jorge Herrera Silveira, especialista del Cinvestav-Unidad Mérida.

“En las décadas de los setentas, ochentas y noventas hubo una gran pérdida de manglares, de ecosistemas de carbono azul, uno de los problemas es que no hay buenos mapas, no sabemos exactamente cuántos de estos ecosistemas quedan”, expuso Herrera Silveira.

El investigador de la Unidad de Ciencias del Mar, destacó que el problema se agudiza debido al incremento la acidificación de las aguas de los litorales, que afecta directamente a la biodiversidad y a la población humana.

“Los ecosistemas de carbono azul ocupan una superficie terrestre relativamente pequeña, pero almacenan más del 10% del carbono que hay en la tierra, por lo tanto tienen una importante contribución a mitigar el cambio climático, gracias a que capturan el CO2.

Sobre este tema, la Secretaría federal de Medio Ambiente ha señalado que, a pesar de los múltiples beneficios de estos reservorios, sus tasas de degradación y pérdida siguen en aumento, lo que ocasiona impactos graves, pues no sólo disminuye su capacidad para captar carbono, “sino que se producen emisiones a la atmósfera del carbono ya almacenado”.

Una de las cualidades de los ecosistemas de carbono azul es su gran capacidad de contener el carbono. Y aunque estos cubren el 0.5 por ciento de la superficie marina mundial, captan carbono a una tasa anual de dos a cuatro veces mayor que la de los bosques tropicales maduros, y almacenan entre tres y cinco veces más carbono por área, señaló el investigador.

En una investigación realizada por Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) se indica que, sin estos reservorios marinos, junto con los terrestres, los niveles de CO2 en la atmósfera serían un 50% más altos que los registrados en 2019, los cuales se encontraban “muy por encima del límite para contener el calentamiento global a dos grados centígrados”.

Jorge Herrera indicó que, las marismas (terreno bajo y pantanoso en cuerpos de agua) proveen alimento y fungen como hábitat de poblaciones de peces y aves, son sumideros de contaminantes y actúan como barreras naturales que protegen de las tormentas a tierras continentales.

Las zonas costeras contienen pastos marinos que filtran las aguas y aumentan su claridad, son hábitat temporal y permanente de especies como camarones y estrellas de mar y constituyen la base de redes alimentarias de otros entornos costeros, sustentan gran cantidad y diversidad de especies.

Además, evitan la erosión costera, manteniendo los sedimentos entre su sistema de raíces.

Remarcó que los manglares desempeñan un papel importante en la fuerza del oleaje, funcionan como zonas de amortiguamiento frente a tormentas y son sitios de reproducción, anidación y crecimiento para peces, crustáceos, moluscos, aves y especies de importancia económica.

“Los ecosistemas costeros son vitales para el desarrollo humano, ofrecen importantes beneficios a la sociedad, entre los que podemos mencionar las pesquerías, muchos de los organismos que hoy en día consumimos permanecen en una etapa de su vida en estos ecosistemas; son el criadero de muchas de las pesquerías. Son como las guarderías donde crecen y se protegen los organismos que están en etapa juvenil”, sostuvo Herrera Silveira.

Advirtió que si su destrucción continúa y no se realizan acciones de preservación, estos dejarán de ser uno de los grandes aliados del medio ambiente, para convertirse en su enemigo, pues debido a que en su interior almacenan grandes cantidades de carbono, su destrucción provocaría emisiones de gases de efecto invernadero que acelerarían el calentamiento global.