Japón, 28 de mayo de 2021 (Por *Mariko Ohashi). – Don Nereu vive en Telchac Pueblo y tiene unos 60 años. Es propietario de una tapicería, donde repara los muebles. Lo conocí en septiembre del 2017, en mi primera visita a Yucatán. Desde entonces lo he visitado cada vez que teníamos vacaciones y podíamos regresar a la península. Siempre está ocupado trabajando para sus clientes, un día pegando telas de asientos de sillas antiguas y las convierten en sillas casi nuevas y otro día arreglando el asiento de una motocicleta, de donde se sale la esponja.

Siempre que lo visitamos, mi esposo, mi hijo y yo, él me regaa la cosecha de la temporada, como camotes o calabazas, por ejemplo. Las calabazas son muy diferentes a las de Japón, mi país. Las calabazas que me regala Nereu son más amarillas y su piel es más delgada que las de Japón. Las calabazas japonesas tienen piel gruesa y dura, y el color es verde oscuro, por dentro tiene el color muy naranja. A mucha gente le cuesta trabajo cortarlas con cuchillos normales.

Estoy interesada en las actividades de don Nereu en su milpa: cómo maneja su tierra, qué animales cría, qué plantas cultiva, cómo los mantiene en su huerto y jardín, y cómo los utiliza. En su jardín tiene plantas como papaya, plátano, naranja agria, limón, etc., y además tiene unos gallineros. En su huerto, él siembra maíz, camotes, calabazas.

Sinceramente todavía sé muy poco de sus secretos, pero quiero revelar uno de ellos. Un día, don Nereu me contó algo muy interesante. Me dijo, “he observado bien mis plantas, y me di cuenta de que las cenizas son importantes para los cultivos. Por eso ahora junto cenizas y las echo en el suelo.” En su jardín había una cubeta para recoger la ceniza, que se obtiene quemando la basura de la casa.

En muchos lugares del mundo, existe una técnica agrícola muy antigua, que se llama “tala y quema,” o “roza y quema”. Actualmente, hay personas que viven en el campo y siguen practicando esa técnica. Hay muchos estudios sobre este tema, en las áreas como etno-biología y antropología ecológica (ambiental). Para hacer la roza y quema debe cambiarse el sitio cada año, abriendo el bosque. Si uno siembra hortalizas en el mismo suelo por dos años consecutivos, la tierra pierde su fertilidad después de una cosecha y va a ser difícil mantener la cantidad de productos.

En caso de la milpa de don Nereu, él planta y cultiva sus plantas en mismo sitio todos los años. Pero la cosecha se mantiene su nivel. Creo que el secreto de ese mantenimiento es dar cenizas a su huerto.

Además, en los estudios de los métodos tradicionales de la agricultura, está comprobado que la ceniza que sale de la roza y quema funciona como abono natural y orgánico, que fertiliza la tierra. A mí me sorprende que don Nereu sólo se haya dado cuenta de esos beneficios, que ya está probada históricamente, observando su tierra y sus plantas.

Una vez, le comenté que íbamos a ir a Peto, y nos pidió unas semillas de ‘hibes’ para cultivar. Me dijo que esa planta no se consigue en Telchac, pero es muy común en Peto. Me gustó mucho su forma de ser y sus ganas de ampliar y mejorar su milpa, a través de sus redes sociales o enlaces que, en ese caso, fuimos nosotros.

Una vez que termine el problema de COVID 19, quiero volver a Yucatán y visitar su milpa, un lugar mágico para mí donde don Nereu hace sus experimentos agrícolas.

*Mariko Ohashi es doctora en agronomía y se especializa en la sociología ambiental. Actualmente es investigadora de la Universidad de Tokio y la Sociedad Japonesa de la Promoción de Ciencias. Ha hecho investigaciones en la Amazonía peruana, y probablemente la única japonesa que habla “Shipibo,” una lengua indígena del grupo étnico del mismo nombre. Ha visitado Yucatán varias veces desde unos años y quiere volver en cuanto que termine el problema del COVID19.