Mérida, Yucatán; 01 de noviembre de 2018.- El Paseo de las Ánimas evocó al nostálgico Carnaval, aquel que hace más de 20 años añoraban las familias en el Paseo de Montejo, donde meridanos de todas las colonias convivían por igual, sin distinciones sociales, y con un ánimo de fiesta.
La calle 66 del sur del centro de Mérida vivió uno de los días más esperados del año, desde hace una década, por los vecinos. La presencia de los trabajadores del Ayuntamiento los puso en alerta cuando comenzaron a reparar aceras y pintar las guarniciones. El clima cambió, era el “aire de las ánimas”, decían los que llevan toda la vida conviviendo en la calle del primer cementerio de Mérida.
El día esperado por fin llegó. Los puntuales a la hora de la cita fueron los extranjeros, quienes hicieron fila en familia para pintarse la cara y mimetizarse en el contingente de ánimas con los mestizos de Mérida.

“Mágico” así describió Andrea, un italiano sorprendido por la felicidad que se vive en torno a la muerte en México; “en Italia la muerte es muy triste, aquí todo es con muchos colores”.
Las 13 cuadras que comprenden del Cementerio General hasta el parque de San Juan fueron un festín visual y gastronómico. Ya no sorprendía ver a producidas “Catrinas” o personajes de Hollywood con elaborados trajes que emulaban a villanos de películas de terror o de ficción.

Los mismo pasó con los altares, así como habían mesas con comida y dulces tradicionales, también se colaron exposiciones de terror que materializaba la influencia extranjera en la fiesta mexicana de los muertos.
A las 8:30 de la noche, por un altavoz, un animador anunciaba el inicio del recorrido de las 600 de Ánimas. Detrás del camión del sonido y una multitud de fotógrafos, el alcalde Renán Barrera encabezaba el cortejo.

Los visitantes también querían un recuerdo. Alzaban sus brazos para tomar una foto del recorrido para compartir en el Facebook, incluso, detenían a las catrinas y otros disfrazados para tomarse la selfie.
Los 60 mil asistentes, de acuerdo a cálculos de la Policía de Mérida, se apropiaron de la calle que va del Centro de Mérida al Cementerio General, una vía con una actividad diaria muy transitada, pero que hace 30 años se caracterizaba por una tránsito lento, era el paso de las carrozas y de multitudes que acompañaban a los difuntos en su último adiós.
