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En desgracia, Renán Acosta vive en la calle y de la caridad en la Catedral de Mérida

Mérida, Yucatán; 27 de julio de 2017 (Darwin Ail/ACOM).- Golpeado por las desgracias, a Renán Acosta Pérez no le quedó de otra que vivir de la peleada caridad en las puertas de la iglesia Catedral; de su imprenta que le permitió vivir de manera holgada y que perdió por el agiotismo, hoy solo quedan recuerdos.

Acosta Pérez es como un imán de desgracias: perdió casa, negocio, el lugar donde rentaba para su imprenta y hasta su familia.

“Desde hace como un año pido caridad, tengo 73 años y sólo me dan trabajo de vigilante para ganar 80 pesos y son jornadas de 12 horas ya no puedo”, dice.

Vive en la calle y aún no ha encontrado un lugar donde pueda dormir tranquilamente, ya que en el parque sólo puede descansar por horas porque lo levantan los policías.

“Cuando ven que uno está durmiendo le dicen que se siente, que es una banca no una cama”, relata.

Todos los días, desde las seis de la mañana hasta poco después de las 12 del día, pide limosna para sobrevivir; y aunque en ocasiones no le va bien, siempre hay personas que por compasión le regalan una torta y tiene segura, al menos, una comida al día.

Platicador, recordó que tenía una imprenta, pero que fue una de las víctimas del agiotismo, pues pidió un préstamo en dólares que no pudo pagar y terminó perdiendo su casa.

Por sus malas decisiones, su mujer lo abandonó al igual que sus hijos. Lo único que sabe de ellos es que uno es ingeniero y trabaja en Vías Terrestres del Gobierno del Estado de Yucatán.

“Para ellos no existo, sé que les va bien, allá ellos”, dice con resignación.

Con los ojos al borde del llanto, dijo que ya sin propiedades se fue a rentar un local por el Zepelín -a unas cuadras del barrio de San Cristóbal- y para compartir gastos le dio lugar a una lonchería, pero con el paso de los años lo terminaron sacando.

Y por evitar pleitos, también perdió la parte de una casa de una herencia que le dejó una hermana, y que su propio hermano le robó.

Ahora vive en la calle y depende de la caridad para sobrevivir.

Lamentó que ni siquiera entre sus compañeros de limosnas se pueda tener confianza, ya que hace unos días dejó asentada su cartera y fue a buscar agua, pero cuando regresó se percató que le habían robado.

“Me amoló porque tenía mi credencial del INE (Instituto Nacional Electoral), por lo que ahora no podré cobrar el apoyo de 65 y más, tendré que comprar un acta de nacimiento, eso cuesta y no tengo dinero. Por eso lo alcancé -a quien presuntamente le robó su cartera- pero me dijo que no tenía nada”, explicó.

Ahora, su principal preocupación es lavar al menos uno de sus dos pares de pantalones, ya que el que usa todos los días “ya no aguanta”, y quiere comprarse uno nuevo, pero antes tendrá que juntar para su acta de nacimiento y así para tramitar otra identificación.