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La basura le ha dado para vivir

Mérida, Yucatán; 21 de octubre de 2017 (Darwin Ail/ACOM).- Aunque al principio le daba pena ser chatarrero, Carlos May Piña se dio cuenta que junto con su trabajo de limpieza en una sala de fiestas comenzó a sacar mucho más dinero que en sus anteriores empleos.

A sus 56 años, comenzó a sacar dinero extra con la chatarra ya que su trabajo fijo es ser intendente y jardinero en un predio que fue sala de fiestas en la colonia Itzimná.

Explicó que la sala de fiesta cerró, por lo que ahora la limpieza ya no la realiza diariamente, sino sólo una vez a la semana y por ello tuvo que buscar un extra de chatarrero.

Recordó que en la sala de fiestas se generaban muchos envases después de los eventos, y en lugar de tirarlo a la basura, se le ocurrió comenzar a vender a una chatarrería.

Hace 10 años, con su triciclo tenía que ir hasta la carretera a X’matkuil desde la colonia Azcorra donde vive con su mamá, hermano, cuñada y un sobrino. Son más de 13 kilómetros que en triciclo y con carga, lo hacía casi en una hora.

Señaló que con el paso de los años surgieron más chatarrerías, y las distancias para vender sus artículos fueron más cercanas.

Lo que ganaba en la limpieza de la sala de fiestas lo combinaba con la venta de envases de plástico, pero la sala de fiesta dejó de funcionar y pasó a tener sólo un día de trabajo.

Recordó que años atrás cuando lo despidieron de la recolectora de basura Supsa tardó en encontrar el trabajo en la sala de fiestas, la cual hace unos meses dejó de funcionar regularmente y con ello también se fue la gran cantidad de envases que recolectaba después de los eventos.

Y buscando otras oportunidades, comenzó a recoger plásticos, bolsas y papel en los comercios, cuyos dueños le guardan el material reciclable con la condición de que vaya a recogerlo con frecuencia.

Incluso, en el bar la Casita de Paja, ubicada a una esquina de la Escuela Superior de Artes de Yucatán, en la ex estación de ferrocarriles, semanalmente le dan 10 kilos de plástico.

También sus familiares juntaban los botes de plástico y latas de aluminio.

“El cierre de la sala de fiesta sí fue muy duro, además de que tenía mi sueldo, casi diario juntaba 20 kilogramos de plástico, eran tres bolsas grandes “, lamenta.

Agregó que la competencia de chatarrero está fuerte, pero hay gente que llega a conocer el trabajo que hacen, se gana su simpatía y terminan reservándole material para reciclaje.

Carlos sólo estudió la primaria, su papá fue alcohólico y logró dejar el vicio gracias a alcohólicos anónimos, pero desde joven tuvo que comenzar a trabajar.

A los 40 años, su vecina Germín Flota daba clases en el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) y lo invitó a estudiar la secundaria.

Sus trabajos han sido de obrero en la fábrica de cloro Química del Sureste, maletero en el Hotel Lord, mozo en el bar el Nuevo Ratón, también trabajó en una agencia de cervezas en la colonia Azcorra, en la tlapalería La Flecha fue diligenciero 13 años y en Supsa de cobratario.

“Me dio mucho trabajo conseguir el empleo de la sala de fiesta. Llevé mis papeles a varios hoteles hasta que en uno de Periférico me dijeron que las vacantes es para personas que máximo tienen 40 años de edad. En Servilimpia intenté entrar como cobrador, pero tampoco lo conseguí”, explicó.

Ahora a los 56 años ni se inquieta por buscar trabajo, quizás “cuando llegue a los 60 iré a buscar trabajo de cerrillito”, ríe.