Mérida, Yucatán; 14 de septiembre de 2017 (ACOM/Darwin Ail).- El ex militar Hipólito Silveira Canché es un soldado retirado que recuerda satisfacciones de una carrera y retos que tuvo que tomar siendo miembro de las fuerzas armadas de México.
Su ilusión de ser militar la hizo realidad hace 50 años cuando decidió alistarse en el Ejército y para ello tuvo que viajar a Ixtepec, Oaxaca, porque era el lugar más cercano a Yucatán donde podía registrarse.
“Cuando tenía 17 años un amigo que es de Temax y yo estábamos buscando trabajo. Me dijo vamos a ser soldados y le dije que sí y fue como nos fuimos a Ixtepec para reclutarnos”, relató Hipólito Silveira Canché, quien 6 años fue soldado.
Días después abordaron el tren que los llevó a Coatzacoalcos. El viaje fue en la noche; salieron a las 7 de la noche y llegaron en la mañana del día siguiente. Sólo llevaron para su pasaje por lo que allí vieron al dueño de un restaurante y le pidieron trabajar como ayudante de cocina y mesero para que coman.
“El viaje fue en aventones, así que no necesitábamos mucho y pidiendo sólo para comer les era atractivo a los que les pedíamos trabajo”, dijo.
De allá se fueron a Matías Romero, Oaxaca, luego al Espinal, pero lamentablemente cuando llegaron a Juchitán pasó un ciclón y ellos tuvieron que ir a refugiarse a un albergue.
“Afortunadamente no fue tan grave. Donde fue el sismo viví un año allá ya que estuve reclutado en el Ejército. Es zona de cerros es la parte del Itsmo de Tehuantepec”, explicó.
Luego de que vieron que podían continuar su camino a Ixtepec vino un problema el Puente de los Perros del Río Grijalva que viene de Tabasco, estaba hundido, así que tenía que cruzarlo agarrado de una soga. “La verdad pudimos esperarnos unos días, pero como sabíamos que sólo nos faltaban unos kilómetros para llegar nos arriesgamos”.
Dijo que la corriente del río te puede llevar, “pero siempre he tenido sangre fría por lo que me concentré en la soga, además como sabía medio nadar y fue así que pasé al otro lado”.
El recorrido estaba por finalizar. La meta la tenía a unos kilómetros y fue así como llegaron a la Zona Naval. Los aspirantes hablaron con el comandante y éste vio a dos jóvenes valientes y decididos a ser soldados, pero Silveira Canché tuvo un pequeño inconveniente: tenía 17 años y la edad mínima para reclutarse era de 18 años.
Sin embargo, el comandante como sabía que venían de Mérida le dijo que se podía quedar, recibir la instrucción y el próximo año iba a ser admitido, a lo que él no dudó. “Mi amigo tuvo su preparación de tres meses y sólo era esperar que se junten 30 para que los manden, en este caso como es yucateco a Campeche. En esos pelotones hay chiapanecos, oaxaqueños, tabasqueños…”, indicó.
Sobre los sismos recordó que a él le tocó uno, que en un corredor de la zona militar se encontraban cuando un oaxaqueño gritó: ¡Está temblando! “Nos habían dicho que en esos casos salgamos a las calles, fue leve, sólo se derrumbó una parte del techo”.
“En ese tiempo no leía el periódico estaba chavo, pero ahora sí lo hago y escuché que el que pegó ahora fue de 8.2 grados Ritcher. Por las fotos que sacan derrumbes estoy tratando de recordar si conocí por ahí, pero está muy cambiado”, dijo el ex militar, ahora de 66 años de edad.
Preparación
Detalló que la preparación era de tres meses, era intensa, diaria. Los levantaban a las 5 de la mañana a correr. “Del pelotón un compañero se rezagaba y el comandante tenía una condición física envidiable y lo presionaba, este chico hasta lloraba de impotencia, pero no se rajó y aunque siempre acababa de último lo hacía y con todo y el castigo que le imponían”.
“Para él había dos obstáculos, más difíciles conocidos como el Salto a la bandera y el Salto de Tarzán”, recordó.
El primero consistía en tirarse de una altura de casi tres metros de altura. “Cuando uno sube va pensando y si me lesiono, pero los compañeros te aconsejaban que no lo pienses, si te lesionas hay enfermería y así lo hice”, dijo. Del pelotón de 30, entre 2 o 3 personas no pasan esta prueba.
La otra prueba difícil fue el Salto de Tarzán, esta consiste en pasar sobre un lago sucio, “varios lloran porque se queden a la mitad, pero la clave siempre es concentrarse únicamente en lo que haces”.
De armas dijo que entrenó con el Mosquetón, que pesaba como 8 kilogramos y también utilizó el fusil automático ligero.
“Tras cumplir el año fue llevado a Campeche, donde estuvo 6 años. “Afortunadamente el estado es muy tranquilo y nos dedicábamos al servicio de la comunidad, al Plan DNIII cuando habían huracanes”, dijo.
Sin embargo, al cumplir su segundo período de su contrato, que en ese entonces era de 3 años, decidió darse de baja. Quería estudiar, superarse y estudió para Contador Privado en la Academia Mardell.
Para estudiar trabajó de diligenciero en una mueblería, luego ascendió a bodeguero y al concluir su carrera corta trabajó en una fábrica de guayaberas.
Luego su hermano tuvo un puesto de periódicos, pero como consiguió trabajo se lo dejó a él, oficio que profesa desde hace 44 años.
Una muestra de su disciplina y que aún conserva pese a que tiene 50 años que perteneció al Ejército es su corte casi rapado. “Cada mes me corto mi pelo”, ríe.


