Eran las 14:19 horas y el caos inició en una jornada en donde un apagón y una fuerte turbonada se convirtieron en una “tormenta perfecta” que causó estragos por varias horas en Yucatán.
Primero se registró el corte de energía eléctrica. Se creyó que era un capítulo más de los que ya tiene acostumbrados la CFE a la población.
Sin embargo, con el paso de los minutos la situación empeoró: semáforos apagados en avenidas y calles, además de que se interrumpió la comunicación. Se había caído la telefonía celular.

Quienes mantuvieron la señal lograron informar o enterarse de que se trataba de algo más grande: un mega apagón en la Península de Yucatán.
En redes sociales, la CFE confirmaba la falla y ofrecía que su personal, en coordinación con el Centro Nacional de Control de Energía (CENACE), restablecería el servicio.
Ante la interrupción en el suministro de energía eléctrica, el gobernador Joaquín Díaz Mena informó que todos los equipos de emergencia del estado se encontraban en operación y preparados para atender cualquier eventualidad.

Sin embargo, la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) brilló por su ausencia en la mayoría de los cruceros conflictivos que eran “tierra de nadie”, ante la falta de semáforos.
En la avenida Quetzalcóatl, civiles voluntarios intervinieron para dirigir el tránsito ante la ausencia de policías y con la intención de evitar siniestros viales.
Pasadas las 16 horas, la situación se complicó con un fuerte aguacero acompañado de una turbonada. Y comenzó la “tormenta perfecta”: mucha lluvia y la población sin luz.

La gente corría para resguardarse. Solamente los negocios con planta generadora de energía se mantenían como si nada. Eran los menos.
El agua de la fuerte precipitación pluvial inundó las calles y el caos vial aumentó en el fatídico último viernes de septiembre.
Sin embargo, a las 16:58 horas “se hizo la luz”. Casi tres horas después de la falla “por labores de mantenimiento” la situación empezaba a revertirse.
En una parte del centro de Mérida, la energía eléctrica volvió para júbilo de empleados de comercios y personas que se resguardaban de la lluvia. No faltó el grito de festejo.
No obstante, el mal momento no terminó para muchos. El transporte publicó colapsó ya que se formaron largas filas en los paraderos.

Quienes prefirieron quedarse en sus centros laborales para no ser bañados por el Dios Chaac generaron “cuellos de botella” ya que los autobuses que se dirigían al centro iban atiborrados.
Cinco horas después del mega apagón, la CFE anunció con “bombo y platillo” que el servicio se reponía casi en su totalidad.
El Paseo de Montejo contradecía el optimismo de la empresa de “clase mundial” ya que buena parte de la icónica avenida lucía en penumbras.

Paulatinamente, la luz regresó en colonias y municipios de Yucatán, pero también de Campeche y Quintana Roo.
El reporte oficial del incidente de la CFE se resumió así: derivado de trabajos de mantenimiento a las líneas de distribución se registró una falla eléctrica que afectó a 2 millones 262 mil usuarios de los tres estados. Salieron de operación 9 centrales del sureste con 16 unidades.
No se dijo el origen de la “falla”.
ISRAEL MEDINA









