La presencia de contaminantes asociados con actividades humanas muestra señales de expansión en el acuífero de Yucatán: mientras un estudio de 2011 detectó cafeína en 40% de los cenotes analizados, una investigación realizada en 2023 la encontró durante las lluvias en los 19 cenotes estudiados. A ello se suma la detección de plaguicidas organoclorados y organofosforados en aguas subterráneas; entre los hallazgos, el clorpirifos apareció en los 19 cenotes analizados y en un pozo se registró aldrín por encima del límite máximo permitido para agua de consumo humano establecido en la NOM-127.
Los resultados fueron presentados por la doctora Elsa Noreña Barroso, investigadora de la Unidad de Química en Sisal de la Facultad de Química de la UNAM, durante el seminario “Contaminación en el acuífero kárstico costero de Yucatán: estudios en el agua subterránea y en la costa”, transmitido también por redes sociales a la comunidad universitaria y científica.

Cafeína, una señal de aguas residuales
La relevancia de encontrar cafeína no radica principalmente en su toxicidad en las concentraciones detectadas, sino en que los investigadores la utilizan como trazador químico de aguas residuales de origen humano. Al ser consumida y posteriormente excretada, su presencia permite identificar sitios a los que han llegado descargas residuales sin tratamiento adecuado.
Además, funciona como un indicador de otros contaminantes que pueden seguir la misma ruta. Los análisis han encontrado en cenotes ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco, oxibenzona, DEET y triclosán, productos relacionados con medicamentos y artículos de cuidado personal.
La señal se extiende hacia otras partes del sistema hídrico. En un proyecto de 2024 se analizaron 24 muestras de pozos y se encontró cafeína en el 100% durante las temporadas estudiadas. En Sisal, un monitoreo de 2021 la detectó en 27 de 28 estaciones, equivalentes al 96.4%, con una concentración máxima cercana a los 1,000 nanogramos por litro.

Plaguicidas permanecen en agua y sedimentos
La investigación de la UNAM también documentó plaguicidas cuyo comportamiento resulta particularmente relevante por su persistencia. En los 19 cenotes estudiados se detectó clorpirifos, mientras que otros análisis identificaron compuestos organoclorados restringidos o prohibidos.
En la zona costera, el problema también aparece acumulado en el sedimento. Un estudio de 2019 detectó 16 plaguicidas en agua y 20 en sedimentos. Estos últimos pueden funcionar como depósitos de contaminación de mayor duración, por lo que ofrecen una perspectiva distinta a la muestra puntual obtenida de la columna de agua.

Los estudios avanzaron incluso hacia organismos marinos. En peces de importancia comercial capturados en Sisal —corvinas, robalos, roncos, jureles y mojarras— se encontraron hidrocarburos en el músculo de los ejemplares analizados. La investigadora explicó que determinados hidrocarburos y plaguicidas pueden bioacumularse e incorporarse a la cadena alimentaria.
Noreña Barroso precisó que estos resultados no permiten establecer por sí mismos una relación causal con enfermedades humanas. Sí muestran, sin embargo, la necesidad de contar con series de monitoreo más amplias y sistemáticas.
Por ello, un nuevo proyecto de la Red para la Integridad Ecológica del Acuífero Maya contempla monitorear 60 cenotes de Yucatán y Quintana Roo durante tres épocas climáticas entre 2026 y 2027, con el propósito de ampliar la información sobre la calidad del agua y detectar posibles focos de riesgo.
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