Rodolfo Escalante Carrillo, conocido cariñosamente como “Don Fito”, es una de las figuras más entrañables de la memoria histórica de Valladolid. Nacido en 1928, dedicó más de seis décadas de su vida al cuidado y mantenimiento del antiguo reloj francés de la iglesia de San Servacio, una pieza emblemática que ha acompañado el devenir cotidiano de la ciudad.
Relojero de oficio y vocación, Don Fito heredó el conocimiento de su padre, Rodolfo Escalante Dávalos, originario del estado de Coahuila. Desde muy joven aprendió los secretos del engranaje, la paciencia y la precisión que exige este arte. A los 13 años ya dominaba el oficio y, con apenas 20, en 1948, abrió su propio taller de relojería a unos pasos de la plaza principal, convirtiéndose pronto en un referente local.

A partir de 1950 asumió la responsabilidad de dar cuerda y ajustar el reloj público cada cinco días. Para cumplir con esa tarea, subía constantemente los 72 escalones del campanario, consciente de que cada campanada marcaba no solo el paso del tiempo, sino también la vida misma de Valladolid. Su labor, silenciosa y constante, lo convirtió en un auténtico custodio del tiempo.
Junto a su esposa, la señora Nelly Rosado Centeno, Don Fito formó una familia sustentada en el trabajo honesto, la constancia y la responsabilidad. Su ejemplo trascendió el ámbito laboral para convertirse en un símbolo de valores profundamente arraigados en la comunidad.

Hoy, próximo a cumplir 98 años, Rodolfo Escalante Carrillo sigue siendo recordado como un caballeroso y sencillo vallisoletano, cuyo legado permanece en cada campanada del reloj de San Servacio, testigo fiel de la historia y el pulso de la ciudad.
Archivo fotográfico – Valladolid









