Mérida, Yucatán; 29 de noviembre de 2019.- Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mayoría de los consumidores de tabaco de todo el mundo empezaron a fumar durante la adolescencia. En el caso de México se estima que cerca un millón de adolescentes son fumadores.

El aumento del tabaquismo entre niños y adolescentes de 12 a 17 años de edad es preocupante, de acuerdo a la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud federal.

Desde el Centro Nacional para la Prevención y el Control de las Adicciones (CENADIC), han reflejado datos alarmantes, como el hábito de encender un cigarro 30 minutos después de despertar.

El tabaquismo es considerado una “pandemia”, es decir, un problema grave de salud pública tanto nacional como internacional, que causa desde infecciones en las vías respiratorias, neumonía, bronquitis, hasta incremento en el ritmo cardiaco y la presión arterial, y finalmente cáncer.

Desde el Centro de Atención Primaria en Adicciones (CAPA), añaden que existe una mayor tendencia a fumar en el caso de los hombres con 15.4%, sobre un 4.8% de las mujeres. Además, subrayan que en la edad inicial de fumar es antes de los 18 años, lo que representa más del 75% de la población joven.

En el mundo se calcula que hasta 3,3 de los 8 millones de fallecidos anualmente, tienen relación con el tabaquismo. Estos mueren por afecciones ligadas al sistema pulmonar. Tan solo en 2017, se registraron 1,5 millones de fumadores o personas expuestas al humo del tabaco, quienes murieron de enfermedades respiratorias crónicas.

En promedio 1,2 millones por cáncer traqueal, bronquial o pulmonar, y 600.000 por tuberculosis e infecciones del sistema respiratorio. Cabe recalcar, que los fumadores son los más propensos a sufrir dichas enfermedades, pero también los que inhalan el humo indirectamente (fumadores pasivos) corren el mismo riesgo, por lo que este hábito puede afectar la salud de toda la familia

Expertos nutricionales resaltan que el tabaquismo disminuye la percepción de sabores y olores, puede producir carencias nutritivas, incrementar las necesidades de vitaminas y, aumentar la acidez estomacal que podría originar en complicaciones del sistema digestivo.

Por ejemplo, fumar un solo cigarrillo quita al cuerpo 25 mg de vitamina C (la cantidad de vitamina C contenida en una naranja). Pero el cuerpo necesita más vitamina C para contrarrestar el daño causado por el tabaquismo a las células.

Para compensar este déficit, un fumador o exfumador debe aumentar su ingesta de vitamina C, que se puede extraer de las acerolas que tienen desde de 10 a 100 veces más vitamina C que una naranja. También se puede incrementar el consumo de frutas, como: naranjas, piña, mango, kiwi, entre otras.

Aunque el daño que deja el humo del tabaco en el pulmón es muchas veces irreparable, con el paso del tiempo dejar de fumar disminuye el riesgo de padecer las mencionadas enfermedades.

Al enfrentar los síntomas de la abstinencia (inquietud, intensa excitación, inseguridad y angustia) y el miedo a subir peso, puede ser controlado con actividades como: yoga, caminar o correr, además de incluir alimentación saludable.