Kimbilá, Yucatán; 4 de diciembre de 2020 (ACOM).- En medio de la crisis de salud y económica del COVID-19, emerge una empresa familiar en Kimbilá, una comisaría de Izamal, ubicada a 59 kilómetros de Mérida y conocida por su producción de ropa típica y bordada a mano.

Kimbilá, con una población de 5 mil 765 habitantes, tiene una economía que depende un 95% en la producción y venta de la ropa que se elaboran en aproximadamente 30 talleres y 25 tiendas, respectivamente. Además, se suman los bordadores que desde sus casas elaboran sus obras.

Como casi la totalidad de la población, la familia May Arjona se dedica al bordado y producción de ropa, y ante la falta de espacios propios para comercializar sus productos, terminaban vendiendo a terceros.

En 2019 surgió la necesidad de crear sus propios espacios para el comercio, sin intermediarios y que al final les dejara mayores ingresos económicos.

En abril pasado, cuando las tiendas de ropa cerraron sus puertas, la familia mantuvo su fuente de empleo.

Sobrinos, hermanos y otros integrantes que hacen diseños y elaboran prendas en Kimbilá y Citilcum, comisaría vecina, producían su stock para la apertura.

Uno de los socios de la empresa, Abel May, dijo vía telefónica desde el norte de California, Estados Unidos -donde labora desde hace 17 años- que “Mayar” es la combinación de los apellidos familiares May y Arjona.

“Somos familia que aportamos y somos fabricantes, es una pequeña sociedad. Mientras las tiendas cerraban en la pandemia, nosotros creamos modelos”, explicó.

Resalta que ya tienen más de 60 modelos nuevos y exclusivos de la familia, y es lo que los distingue de otros locales de la comunidad.

Abel May, quien emigró a Estados Unidos a los 18 años en busca de oportunidades laborales, asegura que la distancia física de su pueblo no le impide ver las necesidades que viven.

«Tuve la visión de armar este proyecto porque teníamos las piezas para hacerlo; que se haya dado en la pandemia fue una bendición porque se dio trabajo a familiares y amigos; recibieron ingreso, poco, pero se tuvo. En tiempos de crisis salen mejores proyectos», aseguró.

May Arjona recuerda que son una familia que lleva años en el negocio. “Desde niño veía a mis papás -Sebastián y Ligia, de 82 y 76 años, actualmente- y mis hermanos realizando sus piezas para terceras personas”.

Sus expectativas son altas, quieren crecer como familia, como empresa y brindar más orgullo a Kimbilá para que se consolide como la zona turística y de oferta de ropa típica de calidad.

Y para atraer al turismo, una artista elabora un mural en la parte exterior de su tienda, ubicada en la entrada del pueblo, que remora sus recuerdos de la infancia y que espera sea un lugar para que los visitantes puedan detenerse para tomarse la foto del recuerdo.

Abel May asegura que uno de los objetivos personales es ayudar a las personas que lo necesitan y también desea ver que su comunidad tenga las ventajas de las grandes ciudades.

«Uno estando de lejos mira las necesidades y carencias y por amor al pueblo quiere ayudar», sostiene. «En Kimbilá hay gente bendecida y trabajadora que sabe luchar por lo que quiere».

Mayar está ubicado en la entrada del pueblo, en la vía que viene de Mérida y que es la calle que recibe a autobuses de turistas que las agencias han incluido en sus rutas de paseos y compras.

Su local se distingue por su gran tamaño y ofrece comodidades para los turistas y compradores, pero sobre todo por su espíritu familiar que da origen a su eslogan «Familias yucatecas, creando sueños».