12 de mayo de 2020.- En la situación actual, los inversores necesitamos tener una parte de nuestra cartera en activos líquidos para poder cubrirnos ante las necesidades que podamos tener en los próximos meses. Dadas las políticas monetarias y fiscales de las mayores economías mundiales para hacer frente a la crisis que ha generado el COVID-19, las monedas como el dólar ya no son el activo refugio más indicado (porque está perdiendo valor).

El activo más adecuado en estos momentos es el oro, por su capacidad como refugio para salvaguardar la liquidez y su marcada tendencia alcista. El oro avanza en este mal año para tantos activos, más de doce puntos porcentuales, lo que le convierte en una más que interesante inversión, independientemente de sus beneficios para proporcionar liquidez. Su precio está cerca de sus máximos desde 2012, pero la subida no está agotada. Los 1.750 dólares de esos máximos pueden no ser un techo en las circunstancias actuales.

Juegan a su favor para los próximos meses la volatilidad de los mercados financieros, la incertidumbre política (Brexit y guerra comercial entre China y Estados Unidos principalmente), la debilidad del dólar (si el dólar baja, el oro sube), los tipos de interés a la baja en Europa y Estados Unidos, las compras de los bancos centrales (hasta septiembre de 2019 estas entidades habían comprado un 73% más de oro que en 2018, concretamente 247,3 toneladas), la producción del oro y su reciclaje (se trata de un recurso limitado), y la inflación que van a generar todas esas nuevas medidas de flexibilización monetaria y fiscal.

Comprar oro es adecuado, pero ¿cómo?

Por lo tanto, la cuestión no es tanto si debemos tener una parte de una cartera bien diversificada invertida en oro, sino la forma en que debemos instrumentar esa posición. No todos tenemos en nuestras casas un lugar apropiado para guardar el oro con garantías y crearnos un lugar a propósito para esconder una caja fuerte tampoco es lo más apetecible. Además, si dejamos que una empresa autorizada guarde nuestro oro, tendremos que pagar por ello, lo que reducirá nuestra rentabilidad final.

La alternativa más razonable es la inversión en ETFs sobre el oro. Un ETF es un producto financiero que replica el precio del oro físico y que mantiene tanto oro como corresponda a su nivel de contratación. El ETF compra y vende oro físico como contrapartida de las entradas y salidas que hagan los inversores.

Por lo tanto, mediante un ETF el inversor obtiene todos los beneficios de invertir en el metal dorado sin guardarlo él mismo físicamente, por lo que aporta las ventajas de ser una inversión directa sin las desventajas de comprar y custodiar el metal.

También es posible invertir en oro a través de otros productos financieros, como los fondos de inversión tradicionales, pero éstos invierten en empresas mineras, que se dedican a la extracción de otras muchas materias primas y no en oro, por lo que es imposible que reflejen la evolución del precio de una sola de las materias primas que extraen.